Bogotá recibió en 2024 una ciudad con serias debilidades en materia de seguridad, marcadas por desarticulación institucional, baja inversión, infraestructura estancada y capacidades operativas limitadas. En 2023, 10 de los 11 delitos de alto impacto habían aumentado, en un contexto nacional de crisis de seguridad que también afectó directamente a la capital.

Durante el primer año del gobierno del alcalde Carlos Fernando Galán se priorizó la recuperación de la confianza institucional y el fortalecimiento de las capacidades operativas. La inversión en seguridad aumentó un 65 %, permitiendo enfocar esfuerzos en delitos como el hurto, la extorsión y la protección de la vida, logrando que en 2024 siete delitos de alto impacto registraran disminuciones.

En 2025 se consolidaron estas estrategias, lo que permitió que 9 de los 11 delitos de alto impacto disminuyeran. Ese año se registró el septiembre con menos homicidios en 22 años y Bogotá logró reducir este delito mientras a nivel nacional aumentaba, manteniendo tasas inferiores a otras ciudades principales del país.

Los avances se apoyaron en mayores incautaciones, capturas, recuperación de vehículos, desarticulación de bandas criminales y fortalecimiento tecnológico. La ampliación del pie de fuerza, la modernización de equipos y la articulación con la ciudadanía marcaron un cambio de rumbo en la seguridad, aunque el Distrito reconoce que los desafíos persisten y requieren adaptación permanente

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