Festival de Cortos de Bogotá no es solo la fiesta más emocionante en torno a los formatos cortos en el continente: es una cartografía simbólica que nos invita a interiorizar el cine —y la vida— como una ruta de exploración infinita. Desde hace tres años, decidimos dejar de mirar únicamente hacia afuera para empezar a recorrer lo más complejo y revelador: el interior de la existencia humana. Así nació la trilogía Cuerpo, Mente y Espíritu, un viaje profundo, provocador y necesario hacia el ser.
Después de habitar la piel en la edición 21 (#CuerposBOGOSHORTS) y sumergirnos en los caminos de la mente en la edición 22 (#BOGOSHORTSenMENTE), este 2025 nos enfrentamos a la dimensión más sutil, más misteriosa y, quizás, más esencial: el espíritu. Ese núcleo invisible que nos mueve, que no se ve ni se toca, pero que nunca deja de buscar.
Y si de búsqueda hablamos, no hay mejor imagen que un laberinto.
El póster oficial del #23BOGOSHORTS que se realizará del 2 al 9 de diciembre del 2025 —diseñado por Juan Esteban Duque del estudio MOTTIF, con desarrollo conceptual de Jaime E. Manrique, fundador y director del Universo BOGOSHORTS— representa una poderosa metáfora visual: un laberinto sumergido en el mar, recorrido por un personaje que se interna en sus caminos, acompañado de nubes que a ratos iluminan y a ratos oscurecen el trayecto.
El mar, en esta imagen, no es fondo ni adorno: es parte del laberinto. Sus corrientes representan emociones profundas, memorias invisibles, contradicciones existenciales. Y es justamente en esa profundidad donde habita lo espiritual. No se trata de encontrar una salida, sino de atreverse a entrar, sabiendo que perderse es la única forma de acercarse a la luz. En el centro, brilla Santa Lucía, símbolo eterno del festival, como una llama que resiste incluso bajo el agua. Una luz que ni el peso del océano puede extinguir. Esa luz representa el deseo, la intuición, el impulso de seguir creyendo en las historias, en el cine colombiano y del mundo, en el arte como refugio y revelación.
Cada cortometraje es un acto espiritual. En su brevedad cabe lo eterno. En su intensidad vibra la necesidad de comprender, conmover, transformar. Esta edición del festival es una invitación a rendirse a esa búsqueda, a perderse con sentido, a entender que el camino interior no siempre tiene destino, pero sí propósito. Para Jaime E. Manrique “El espíritu es el territorio de lo invisible: el deseo, la fe, el asombro. No buscamos representar algo concreto, sino acompañar esa necesidad de seguir preguntándonos. Esta edición es una invitación a entrar en el laberinto, no para encontrar la salida, sino para encontrarnos en el centro de lo que somos.”
